jueves, 20 de noviembre de 2008

Santísimo Cristo de la Clemencia (Sevilla)

En la Catedral de Sevilla se encuentra otra obra cumbre de Martínez Montañés, el Santísimo Cristo de la Clemencia, situado en la capilla de San Andrés.

Comentario extraído de: www.artecreha.com

"Se trata de un encargo realizado por el arcediano de Carmona, Mateo Vázquez de Leca, que ya estipula en el contrato que deseaba un "Cristo vivo, antes de expirar, con la cabeza ladeada, mirando a cualquier persona que estuviese orando al pie de él, como que está el mismo Cristo hablándole y como quejándose de aquello que padece es por él". Y prueba de que el autor satisfizo sobradamente los deseos del solicitante es que no sólo pagó los quinientos ducados en que se tasó la obra, sino que además le gratificó con seiscientos reales más.

Se trata de un Cristo de cuatro clavos, iconografía ésta en cierto modo original para la época, aunque se basa en el relato de Santa Brígida que así lo señala en sus Revelaciones. Además hay que añadir también la influencia de un Cristo de igual iconografía realizado por un discípulo de Miguel Ángel (Jacopoco Duca), que sirvió de referencia a muchos autores españoles. Por lo demás la utilización de los cuatro clavos en esta obra es aún más original si tenemos en cuenta que a la vez cruza las piernas, como si tuviera tres, logrando así aunar la serenidad y estabilidad compositiva de los cuatro clavos, con el sentido más dramático y a la vez mucho más dinámico compositivamente de los Cristos de tres clavos.

La actitud de Cristo se ciñe a lo establecido en el contrato, y en efecto es un Cristo vivo, lleno además de candor y dulzura, con su cabeza ladeada en una expresión de diálogo penetrante y compasivo, que mueve irremediablemente a la piedad.

Todo es impecable en esta pieza: la talla es de un virtuosismo prodigioso y las carnaciones igualmente pulcras y decorosas, huyendo de la exhibición sangrienta, y acuñando de esta forma su estilo característico, armonioso y elegante. Para ello juega también con una serie de recursos formales contrapuestos: el cuerpo estilizado, tratado con una textura sutil, tersa y sugerente, que sin embargo contrasta con el efecto plástico del "paño de pureza". Un paño muy volado, de múltiples pliegues menudos y asperos contrastes de luz y sombra. Asimismo se confronta también la expresión mesurada, apacible, vencedora en fin, con la disposición de un cuerpo frágil y quebradizo, que parece a punto de romperse.

Es en última instancia el equilibrio perfecto entre la fuerza espiritual y la debilidad física. Pero todo ello en un tono de belleza clásica transmitido a través de la armonía de las formas y la prestancia de la imagen."

 
 
 
 
 
 
 
 
 
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